Cada día me da más pena ver algunas cosas que pasan hoy. Antiguamente ibas a un lugar turístico y los turistas se hacían fotos para el recuerdo. Imágenes que era hechas por otros, y que se guardaban en un álbum de fotos. Álbum que cuando uno se hacía mayor, miraba con nostalgia con los suyos, recordaba los buenos momentos vividos y le entraban más ganas de fabricar nuevos recuerdos. Hoy en día eso ha cambiado. Vas a un lugar turístico cuyas vistas son impresionantes y ves como todo turista que llega no se limita a mirar el paisaje ni un minuto. Está demasiado agobiado porque no sabe en qué esquina del lugar se hará su mejor selfie del año. ¿Y será la fotaza del siglo? No. Será una instantánea más que quedará en el olvido y cuyo tiempo de recuerdo se remontará a un par de minutos, si llega.

Sí, selfies. Esas auto-fotos que se hace la gente con el móvil o tablet para dar constancia de que ha estado en un sitio concreto. Para presumir ante sus conocidos. O simplemente porque tienen un síndrome Narciso del que ya no pueden escapar. Y es que no olvidemos la famosa leyenda. Narciso era una persona muy engreída que a raíz de un hechizo, se enamoró de su propio reflejo en un lago, olvidándose de lo que le rodeaba. Fue tal el amor que sintió por sí mismo que se arrojó a las aguas. ¿Llegaremos a este punto? ¿Habrá tanto narcisismo con los famosos selfies y otras modas que nos olvidaremos del entorno?
En un artículo escrito en Brainstorm9 hablan de la posible disminución de la empatía en pro del narcisismo, a raíz de un hecho acontecido, que es el motivo por el que una servidora escribe su reflexión en La Caja. Un estudiante de intercambio rompió una estatua del siglo XIX a raíz de querer hacerse un selfie subido encima de la obra de arte. Se trataba de una réplica ubicada en la Academia de Bellas Artes de Brera (Milan) de una escultura helenística que se encuentra a día de hoy en Munich, Alemania. Aun así, encontramos que en este caso se ha pasado del respeto por la cultura al culto por el propio ego.

En el artículo, se comenta que la empatía es una especie de punto de partida para tener una idea sobre el mundo que nos rodea. Es la capacidad que tenemos para darnos cuenta de que un acto nuestro puede afectar a otra persona de forma diferente. Y si somos conscientes y nos ponemos en el lugar del otro, podemos reflexionar sobre nuestros actos. Con las famosas “selfies”, entre otros factores que acontecen la actualidad, lo que se consigue es alimentar el sentimiento narcisista y olvidarnos de la realidad que nos rodea; de todo lo demás.

La escultura afectada se llama “Drunken Sátiro” y se ubica en Milan.
En este caso, el estudiante no se paró a pensar ni un segundo que se trataba de una escultura, una obra de arte, y que éstas están hechas para contemplarse. Pasó absolutamente del significado de la misma para convertirlo en un mero objeto que adorne su propio “yo”. ¿Deberían preocuparnos este tipo de actitudes?
Escultura de Barberini Faun – Réplica del s. XIX

Sea afirmativa o negativa la respuesta a la pregunta anterior, hay que saber que esto no es nuevo. Siglos atrás, el narcisismo ha estado presente en múltiples formas. Se pasó por un narcisismo primario, donde los líderes bárbaros querían conquistar el resto de las tierras colindantes ya no por el “yo quiero tener” sino por el “yo quiero ser”. En parte se invadía Europa por intereses de poder, relacionados con la economía, la riqueza y la política, pero también por alimentar el ego del líder. Es este narcisismo el que sólo afectaba a las altas élites que, cubiertas sus necesidades básicas, sólo les preocupaba el status y el tener una buena imagen. Pero esto cambia en el siglo XX y lo que va del XXI, según algunos filósofos y sociólogos. Al haber unos cambios en las estructuras sociales, Occidente llega a un proceso de metamorfosis donde el narcisismo es relevante. Se crea la clase media, una clase media que en pleno siglo XXI puede adquirir productos considerados de gama media-alta como por ejemplo, un Smartphone de calidad. Y todo a pesar del contexto de crisis en el que se vive. 

De hecho, Lipovetsky ha caracterizado la sociedad post-moderna como aquella en la que se enfatiza la exteriorización de la persona y aumenta la expresión del propio yo, entre otras características. Y ello hace pensar que lo que sucede con los selfies, es algo que lleva años produciéndose de otras formas, pero que gracias a Internet se ha convertido en una moda, para algunos divertida, para otros, absurda.
Selfie en el funeral de Nelson Mandela
Aun así, mantengo la esperanza de que siempre se puede encontrar personas que dejan el móvil y se disponen a hablar, a comunicarse con sus conocidos, a disfrutar un plato de un restaurante como se merece y no sólo a través del objetivo de un móvil. Personas que se pararán varios minutos a admirar lo que están viviendo en ese lugar turístico antes de hacer una fotografía para subir a Instagram. Personas que, aunque sean conscientes de sus redes sociales y la importancia que tienen hoy en día para ellos, sus proyectos o negocios, admiran la esencia que les ofrece el escenario real. No pierden los cinco sentidos de vivir un momento único porque su vida no gira en torno a los likes.  No olvidan lo que ocurre a su alrededor en base a su propio yo.
Porque poner por delante el narcisismo antes que el conocimiento es un ataque a la creatividad. Y en el caso de la escultura de la que hablamos, es un ataque a la habilidad al artista que hizo en su día tal reproducción, y a las personas que trabajan para que dicha estatua perdure en el tiempo. Por lo tanto, no seamos necios, y seamos más respetuosos con la cultura que nos rodea, por favor.
[Imágenes extraídas de Society6, Pinterest y Brainstorm9]

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1 Comentario

  1. 24 marzo, 2014 at 7:58 pm — Responder

    Creo que mejor no lo puedes explicar. Como bien dices debemos ser más respetuosos con la cultura que nos rodea, pero la pregunta es, para muchas personas de este país, jóvenes, mayores, ideologías políticas diferentes, diversas clases sociales, ¿saben lo que es la cultura?, ¿entonces como la van a apreciar?, seguro que muchos no están nada de acuerdo conmigo, pero cada día que ves las noticias te das cuenta de que últimamente la cultura que existe en este país es la cultura del botellón, las manifestaciones salvajes agrediendo y destrozando todo lo que se precia. Por supuesto todo ello con sus respectivos "selfies", (que hay que ser ignorante para fotografiarse haciendo botellón con sus respectivos vómitos, rompiendo escaparates, quemando coches, etc, etc, etc) ¿Es esta la sociedad que queremos?. No se si será o no, pero si que es la que tenemos. Rosalía, para respetar la cultura, primero debemos saber QUE ES LA CULTURA.

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