¡Cuántas veces nos habremos preguntado esta cuestión! En muchísimas ocasiones se ha demostrado que el producto que aparece en un anuncio no es nada parecido al que se presenta en la realidad. Esto ocurre mucho en el sector de la alimentación y restauración, donde nos muestran postres imposibles, tacos deliciosos o pizzas de sabores increíbles. Esta situación hace que pensemos que nos quieren engañar, y por lo tanto, se alimenta la teoría de que en publicidad todo es más bonito, más grande, irreal y más engañoso.

Pero hay que recordar que la publicidad es sólo un medio. Es una herramienta utilizada por las empresas para dar a conocer su producto y persuadir al consumidor para que realice una determinada compra. Otra cosa, sin embargo, son las prácticas que se hagan dentro del mundo de la publicidad. Un restaurante puede decidir hacer un anuncio gráfico y escoger entre dos pastillas (sí, como en Matrix!): la primera, la azul, lo conducirá por caminos claros y luminosos donde se mostrará su producto tal cual es y si acaso, introducir algún retoque de iluminación para que se vea mejor el alimento en cuestión. La segunda pastilla, la roja, lo llevará por un escabroso recorrido donde engañará al consumidor, y donde añadir más capas de carne, verduras, etc. será lo más. Todo ello, para luego servir el punto de venta algo mediocre y que no cumple para nada con las expectativas del cliente.

Sin duda, yo me quedo con la primera opción. Se puede hacer una fotografia bonita, apetecible, sin necesidad de engañar al consumidor. Y de hecho, una ha podido probar en sus carnes esto. Recuerdo mi experiencia con un cliente de restauración. Hice unas fotos sencillas para redes sociales, con una cámara Reflex (de las más asequibles del mercado) y sin alterar nada el producto. No se introdujo pan de más en la hamburguesa, ni más lonchas de bacon o un exceso exagerado de salsa. Se hizo una buena foto y punto. Y el resultado quedó igual de apetecible o mejor que el típico montaje que se suele hacer. Pero ¿Por qué? Muy fácil: porque estábamos ante un producto muy bueno y de calidad, y la belleza del mismo ya irradiaba de por sí en la realidad, dentro del plato.

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Esta imagen la hice para un cliente de un restaurante sin necesidad de añadir ingredientes de más, ni inflar el plato.

 

 

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 Por lo tanto, una no es partidariade inflar la realidad y convertirla en algo irreal. No es partidaria de generar unas expectativas a alguien para que luego éstas no se cumplan. Por ahora no; y espero que no se planteé en un futuro esta situación.

Y dirás…¿Y esto, a qué viene? Esta reflexión viene a raíz de un divertido vídeo encontrado por Internet, en el que el autor del canal de Youtube “Mediocre Films” realiza un experimento. Pide hamburguesas, tacos y otros alimentos de comida rápida, y si éstos no se parecen a las imágenes de las redes sociales o webs corporativas de las empresas implicadas, pide que se las vuelvan a hacer como en la fotografía. Los resultados son cuanto menos inesperados.

Este vídeo nos enseña una cosa: que hay que apostar por la belleza real de las cosas, y por el replanteamiento dentro de la empresa de estas cuestiones: ¿estoy ofreciendo un buen producto? ¿Quiero evitar engaños y ofrecer lo mejor a mis clientes? Un debate, que sin duda, puede dar que hablar.

Pero por ahora, quedémonos con la moraleja niños: si vais a un restaurante y su plato no cumple las expectativas o no se parece al que hay impreso en la carta o en la web…Oye, ¿Por qué no? ¡Pedid que os lo hagan igualito que en la imagen! ;-)

[Vídeo visto aquí ]


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